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Domingo 28 de febrero de 2021.
Segundo domingo de cuaresma. Ciclo B.

“Señor…rompiste mis cadenas”, Sal. 115.


Espíritu Santo, eres amor que envuelve. Que te sienta y lo lleve a mis gestos. Espíritu Santo, eres fuerza que sostiene. Que experimente tu don al escuchar el Evangelio.

Amén.

Mc 9, 2-10

2Seis días después, Jesús tomó aparte a Pedro, a Santiago y a Juan y subió con ellos a un monte alto. Se transfiguró delante de ellos 3 y su ropa se volvió reluciente, tan blanca como nadie en el mundo sería capaz de blanquearla.4Y se les aparecieron Elías y Moisés, que conversaban con Jesús.
5Pedro, dirigiéndose a Jesús, le dijo: «Maestro, qué bien estamos aquí. Hagamos tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».6Pero no sabía lo que decía, ya que estaban atemorizados. 7En esto, una nube los cubrió con su sombra y una voz salió de ella: «Este es mi Hijo amado: ¡escúchenlo!»8De pronto, cuando miraron a su alrededor, no vieron más que a Jesús solo con ellos.
9Mientras bajaban del monte, él les encargó que no relataran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos.

Algunas preguntas para una lectura atenta

  1. ¿Qué pasó seis días antes; qué dijo Jesús y qué relación tiene con la transfiguración?
  2. ¿A dónde y con qué apóstoles va Jesús? ¿Aparecen juntos en otro lugar?
  3. ¿Qué hace Jesús en presencia de estos tres discípulos y qué revela de este modo?
  4. ¿Qué simbolizan Moisés y Elías y por qué aparecen allí?
  5. ¿Qué simboliza la nube; de quién es la voz que se escucha y qué pide?
  6. ¿Por qué queda Jesús sólo y ya no están Moisés ni Elías?
Algunas pistas para comprender el texto:

Mons. Damian Nannini

El relato de la transfiguración viene colocado en los tres sinópticos a continuación del primer anuncio de la pasión y de la exigencia de renuncia total para seguir a Jesús que tuvo lugar seis días antes. Relacionando, por tanto, la transfiguración con el primer anuncio de la pasión podemos decir que se hacía necesario que al menos algunos de sus discípulos (Pedro, Santiago y Juan, los considerados como columnas en Gal 2,9), tuvieran una experiencia que disipara el temor y la angustia generados por tal anuncio y, para ello, les concede una visión anticipada de la gloria prometida después de padecer. Estos tres discípulos aparecen también junto a Jesús en el huerto de los Olivos (cf. Mc 14,33). Por tanto, estos tres discípulos están asociados a la agonía y a la gloria de Jesús. Esta asociación de los tres discípulos al misterio pascual es paradigmática para todos los discípulos de Jesús.

El relato de Marcos ve la transfiguración de Jesús como la manifestación anticipada del Hijo del hombre trascendente, que anuncia la transfiguración definitiva que tendrá lugar en la mañana de Pascua y se manifestará plenamente en la Parusía. Si a esto le sumamos la estrecha relación con el primer anuncio de la pasión que precede este relato, es factible afirmar que el mensaje del evangelio es que no debemos separar la pasión de la resurrección, de algún modo anticipada en la transfiguración.

En el monte elevado, junto a Jesús, aparecen Moisés y Elías. Es interesante porque además de representar la Ley y los Profetas, son dos hombres de oración que ayunaron durante 40 días y subieron al Sinaí para encontrarse cara a cara con Dios, para ver su rostro (cf. Ex 33,8; 1Re 19,17). De algún modo puede decirse que ellos alcanzaron la meta de su camino ‘cuaresmal’ al encontrarse con Cristo glorioso.

Ante esta escena Pedro reacciona con una auténtica exclamación: "Señor, que hermoso (kalós) es estarnos aquí". La transfiguración es un misterio de belleza divina, de esplendor de la verdad y del bien de Dios mismo. Pedro se siente "atrapado" por esta visión y quiere hacer tres carpas para quedarse allí. Según San Agustín, Pedro ha gustado el gozo de la contemplación y no quiere ya volver a las preocupaciones y fatigas de la vida cotidiana. Por eso quiere, en cierto modo, "eternizar" ese momento.

La nube es signo de la presencia de Dios. Y desde allí sale la voz del Padre que manda escuchar a Jesús, es decir, obedecerle y seguirle. La afirmación de la voz celestial tiene un carácter revelador de la identidad de Jesús, tema sobre el cual versaba el diálogo con sus discípulos en los versículos precedentes (cf. Mc 8,27-29). Los discípulos “miraron a su alrededor y no vieron a nadie, sino a Jesús sólo con ellos”. Esto significa que desaparecieron las anteriores voces de Dios en la historia, Moisés y Elías, la Ley y los Profetas; ahora tenemos que escuchar la Palabra del Hijo Amado, Jesucristo.

Hemos sido creados para la luz. Nos sentimos seguros cuando caminamos en la luz y no nos gusta andar en la oscuridad. Pero la oscuridad existe y con frecuencia se hace presente en nuestra vida. Una mala noticia que nos llega; nos descubren una enfermedad que no esperábamos; caemos en la cuenta de que realizar nuestros proyectos implicará mucho más esfuerzo del que habíamos pensado; una desgracia que nos sucede o un daño que alguien nos hace.

Justamente el primer domingo de cuaresma nos invitaba a aceptar la presencia del mal, de la oscuridad en nuestra vida. Hoy se nos dice que la luz vence a las tinieblas; se nos enseña a no desesperar ni bajar los brazos ante la presencia del mal, de la oscuridad; porque al final del camino nos espera la luz. La transfiguración es un misterio luminoso que disipa las tinieblas y nos permite contemplar la gloria de Jesús, un anticipo de su resurrección.

Este texto nos recuerda las exigencias y las consecuencias de la vida en Alianza con Dios y nos ayuda a entender que la pasión es un paso o camino hacia la gloria. Para vivir en alianza con Dios debemos seguir a Cristo por el mismo camino por donde él transitó, que es el camino de la renuncia y de la cruz. No podemos amar la cruz por sí misma; ni podemos complacernos en morir a nosotros mismos mediante la mortificación. Pero sí podemos amar y hasta desear llegar a dónde nos lleva la cruz y la mortificación, paso necesario hacia la gloria. La entrega cuesta y duele, como le costó y dolió a Jesús y al mismo Padre. Y debe ser total, sin reservarnos nada. Pero después viene el fruto maravilloso.

La cruz siempre será un misterio de oscuridad en nuestra vida, que nos puede llevar a la desilusión, a la desolación. Y por eso necesitamos tanto de momentos de consolación que nos permitan sentir la cercanía del Señor para seguir caminando detrás de Él.

Además, el evangelio de la Transfiguración nos invita a escuchar al Hijo querido, la Palabra definitiva de Dios. Esta es la exigencia, que supone el rechazo de tantas otras voces o solicitaciones que nos invaden. Vivir en Alianza es vivir en la Escucha de su Palabra. Al respecto decía papa Francisco en su homilía del 25 de febrero de 2018: “Esto es lo primero que nos enseña la Iglesia: Jesús nos prepara siempre para las pruebas y en las pruebas está con nosotros, no nos deja solos. Nunca. Lo segundo, podemos tomarlo de las palabras de Dios: «Este es mi Hijo, el amado. Escuchadle». Este es el mensaje que el Padre da a los Apóstoles. El mensaje de Jesús es prepararlos, haciéndoles ver su gloria; el mensaje del Padre es: «Escuchadle». No hay un momento en la vida que no se pueda vivir plenamente escuchando a Jesús. En los momentos hermosos, deteneos y escuchad a Jesús; en los momentos malos, deteneos y escuchad a Jesús. Este es el camino. Él nos dirá lo que tenemos que hacer. Siempre. Y vamos adelante en esta Cuaresma con estas dos cosas: en las pruebas, recordad la gloria de Jesús, es decir, lo que nos espera; que Jesús está presente siempre, con esa gloria para darnos fuerza”.

En síntesis, el evangelio de este domingo nos recuerda a dónde nos conduce este camino cuaresmal: a ser transfigurados con Cristo, a participar de su Gloria, a la Alianza definitiva

Continuamos la meditación con las siguientes preguntas:

  1. ¿Encuentro tiempo para estar a solas con Jesús y dejarme consolar por Él?
  2. ¿En qué momentos de mi vida he sentido con más intensidad la presencia de Dios?
  3. ¿Acepto que la cruz es un medio, un paso necesario hacia la meta de la resurrección?
  4. ¿Intento cada día escuchar a Jesús que me habla en el evangelio y en la vida?

Gracias Jesús por llevarme a la montaña. ¡Voy a abrirte el corazón mientras subimos! A veces, como Pedro, no sé qué decirte y saco la lista con mis peticiones. Te entrego mis sustos, mis miedos, uno a uno. Tu Luz hace que mis egoísmos salgan a la vista Y mis mezquindades queden en evidencia. La Voz del Padre, ¿cómo olvidarla? ¿Cómo negarla? Sos el Hijo amado, dame oídos nuevos para escucharte. Quiero seguirte: totalmente, sin reservas. En este camino a la Pascua déjame ser tu compañero en la cruz, y consolar a otros para compartir una Vida nueva, transfigurada

Amén.

Jesús que sepa cargar mi cruz para compartir tu gloria.

Durante esta semana me propongo identificar mi cruz, dejarla al descubierto delante del Señor confiando que me compartirá su gloria.

“Ese cuerpo que se transfigura ante los ojos de los Apóstoles es el cuerpo de Cristo (...), pero es también nuestro cuerpo destinado a la gloria; la luz que le inunda es y será también nuestra parte de herencia y de esplendor”,

San Pablo VI.

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