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Domingo 29 de noviembre de 2020
Primer domingo de Adviento. Ciclo B

“Delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la tierra”,Sal. 95


Espíritu de Jesús, fuerza de vida nueva, aliéntanos. Espíritu de Jesús construye un corazón nuevo en cada uno para que hagamos vida los sueños del Padre. Espíritu del Resucitado, ven a nosotros para que aprendamos a ser comunidad que se alimenta con la Palabra.

Amén.

Mc 13,33-37

33 «Estén atentos y despiertos, porque no saben cuándo llegará ese momento.34 Será como un hombre que se fue de viaje: dejó su casa, dio autoridad a sus sirvientes, distribuyéndoles sus tareas, y ordenó al portero que vigilara.35 Por tanto, estén vigilantes, porque no saben cuándo regresará el dueño de casa: si al atardecer o a medianoche, al canto del gallo o de mañana.36 No sea que regrese de repente y los encuentre dormidos. 37 Lo que les digo a ustedes se lo digo a todos: ¡estén vigilantes!»

Algunas preguntas para una lectura atenta

  1. ¿En qué contexto Jesús dijo esto a sus discípulos? (Cf. Mc 13,1-4)
  2. ¿Dice Jesús con precisión cuándo será el fin del mundo?
  3. ¿De qué modo llegará el Hijo del hombre en el momento del juicio final?
  4. ¿Qué actitud pide Jesús con insistencia ante la incertidumbre del momento final?
  5. ¿Qué significa estar dormido y qué significa estar despierto o vigilante?
Algunas pistas para comprender el texto:

Mons. Damian Nannini

Al inicio de este capítulo 13 del evangelio según san Marcos, Jesús hace referencia a la destrucción del Templo de Jerusalén. En torno a este anuncio tiene lugar una enseñanza de Jesús a sus discípulos sobre el tiempo y el momento final. En primer lugar deja en claro que no sabemos cuándo vendrá el fin del mundo: no nos ha sido revelado, no lo sabemos. Por ello, la recomendación es la de una actitud práctica: estar prevenidos, atentos, alertas, despiertos

El texto comienza (13,33) y termina (13,37) con un llamado de Jesús a la vigilancia, a estar alertas, a estar prevenidos y despiertos. Y el mismo llamado se repite a mitad del texto (13,35). Jesús compara la situación del cristiano en este mundo con la de un portero, que debe estar atento a la llegada de su señor. Justamente el nudo de la parábola del portero (13,34-36) es la llegada imprevista de su señor, lo que obliga al portero a permanecer despierto, en vigilia, esperando su llegada. En Marcos esta actitud es la que Jesús les pide a sus discípulos en Getsemaní, que permanezcan en vela orando junto a Él (14,34.37). Lo contrario de esta actitud vigilante es estar dormido, como lo señala este mismo evangelio al final del texto de hoy

Desde esta perspectiva es bueno que no sepamos ni el día ni la hora del momento final. En efecto, no se indica la hora porque todas las horas son buenas para abrirse al evangelio de modo que comprometa la existencia. Jesús desea vitalizar a una comunidad para que no esté obsesionada con el deseo de conocer el final, sino que se preocupe por vivir y discernir tiempos y momentos en la escucha y la obediencia a la Palabra de Dios. Y esto en la espera de la última cita que nos introducirá definitivamente en el Reino, ciertamente es una espera continua e intensa, pero no ansiosa ni temerosa, sino que rebosa confianza

El evangelio pone de manifiesto e ilumina una dimensión esencial de nuestra vida como es la relación con el tiempo. En efecto, nuestra vida “corre” en un presente, pero condicionada por nuestro pasado y también por el horizonte desconocido del futuro. Ahora bien, el que se siente seguro ante el futuro, el que piensa que puede controlarlo y dominarlo todo, no espera nada de nadie. Tampoco de Dios. Pero la pandemia nos instaló en una permanente incertidumbre ante el futuro. Y esto nos llenó de angustia. No nos sentimos para nada cómodos con tanta incertidumbre ante el futuro. Ante esta realidad de incertidumbre el cristiano tiene la certeza de la venida del Señor al final de los tiempos. Justamente en este primer domingo de adviento elevamos nuestra mirada hacia el futuro para considerar la venida (adviento) de Jesús al final de los tiempos y tomar conciencia de que lo mejor viene de allá, porque viene de Dios o, mejor dicho, porque Dios mismo viene a nosotros. El presente puede ser dramático y el futuro incierto; pero siempre hay que estar atentos y abiertos a lo que viene, a lo que Dios nos tiene preparados. Esta es nuestra Esperanza: que el Señor vendrá y hará los cielos nuevos y la tierra nueva. Su Reino de Verdad, Amor Justicia y Paz será definitivo: no más mentiras, no más injusticias, no más odio, no más guerras y divisiones; no más sufrimiento. Gozo y Paz en el Señor, eternamente. Pero tenemos que aprender a vivir con la incertidumbre del momento final porque no sabemos cuándo sucederá esto. No sabemos cuándo llegará el momento final, ni para nuestra vida individual, ni para todo el mundo en el juicio universal

Hay que aprender a vivir en la Esperanza activa, cumpliendo la voluntad de Dios en cada momento esta es la vigilancia cristiana, el estar despiertos y atentos que tanto nos reclama Jesús en el evangelio de hoy. Para nosotros hoy “la vigilancia se convierte en una actitud sensatamente equilibrada, capaz de evitar un doble escollo: el de un fanatismo incontrolado que pretende fantasear sobre el futuro y el de una irresponsable falta de compromiso con la construcción de un mundo mejor”. Muy vinculado al tema de la esperanza y de la vigilancia está el tema del deseo pues esperamos con atención lo que deseamos. Así, el deseo de la venida del Señor es lo que alimenta nuestra esperanza y nos mantiene despiertos, vigilantes, expectantes a su venida. Por ello sería un buen ejercicio para el adviento preguntarnos por nuestro deseo de Dios como nuestra Plenitud, nuestro Gozo, nuestra Felicidad, nuestra Realización, nuestro Todo y para Siempre.

El adviento es el tiempo que se nos da para que aprendamos a esperar, para que aprendamos a vivir esperando, para que no pretendamos obtener enseguida lo que queremos, aunque se trate de Dios y de la visión de su rostro; es el tiempo del intervalo, de la capacidad de hacer una pausa, una especie de suspensión de nuestras reclamaciones y de la pretensión de obtener inmediatamente lo deseado.

El Papa Francisco en la vigilia de la JMJ en Cracovia nos ilumina con estas palabras dirigidas a los jóvenes: “Les pregunto, a ustedes: ¿quieren ser jóvenes dormidos, muñecos, embobados? ¿Quieren ser libres? ¿Quieren ser despiertos? ¿Quieren luchar por el propio futuro? (...) Queridos jóvenes, no vinimos a este mundo a «vegetar», a pasarla cómodamente, a hacer de la vida un sofá que nos adormezca; al contrario, hemos venido a otra cosa, a dejar una huella. Es muy triste pasar por la vida sin dejar una huella. Pero cuando optamos por la comodidad, por confundir felicidad con consumir, entonces el precio que pagamos es muy, pero que muy caro: perdemos la libertad”.

Continuamos la meditación con las siguientes preguntas:

  1. ¿Cuáles son mis deseos y expectativas hacia el futuro? ¿Qué espero en la vida?
  2. ¿Creo que la felicidad se recibe más que se conquista y que viene de Dios?
  3. ¿Acepto que en este mundo lo perfecto no existe, pero sí en el mundo venidero?
  4. ¿Creo que la felicidad plena está en Dios; y que Dios viene a mí en Navidad?
  5. ¿Estoy dormido o atento, vigilante a las venidas de Dios a mi vida?

Gracias Jesús por ser El que Viene Dame la lucidez necesaria para estar preparado. Que no fantasee con el futuro o amague con quedarme en lo cómodo. Que no me duerma. Mientras te espero, ayúdame a dejar huella. Cuento con tu presencia, con tu gracia.

Amén.

“Jesús que en este tiempo aprenda a vivir esperándote.”

Durante esta semana me propongo identificar en qué aspecto de mi vida estoy “dormido” y realizaré algún gesto concreto y simple para disponerme a la venida del Señor.

“Por ello debe vigilar todo cristiano, para que no le halle desprevenido la venida del Señor, pues hallará desprevenido aquel día a todo el que no esté prevenido el último día de su vida”

San Agustín

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