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Domingo 14 de Junio de 2026
Segundo domingo de Cuaresma

“Aclama al Señor, tierra entera, entren en su presencia con vítores” Sal.99
Amén. Espíritu Santo, quiero ponerme a tu servicio.
Espíritu Santo, toma mi vida para ser testigo de la Palabra.
Espíritu Santo, cuenta conmigo para la misión de hacer realidad el Reino.
Espíritu Santo, que en comunidad podamos vivir concretamente el evangelio.
Amén.
Mateo 9, 36-38 Mateo 10, 1-8

36 Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor». 37 Entonces dice a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; 38 rogad, pues, al Se-ñor de la mies que mande trabajadores a su mies». 101Llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para ex-pulsar espíritus in-mundos y curar toda enfermedad y toda dolencia. 2 Estos son los nom-bres de los doce apóstoles: el prime-ro, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su her-mano; 3 Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Ta-deo; 4 Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entre-gó. 5 A estos doce los envió Jesús con es-tas instrucciones: «No vayáis a tierra de paganos ni en-tréis en las ciudades de Samaría, 6 sino id a las ovejas descarriadas de Is-rael. 7 Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. 8 Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis.

Algunas preguntas para una lectura atenta

  1. ¿Qué diagnóstico hace Jesús de la situación de la gente?
  2. ¿Qué es lo que hace falta para responder a una mies abundante?
  3. ¿A quién pertenece la mies?
  4. ¿Cuántos son los Apóstoles y cuál es llamado el primero?
  5. ¿Cuántos verbos se hallan en modo imperativo?
Algunas pistas para comprender el texto:
Francisco León Oquendo Góez. Pbro.
El evangelio perfuma de celo que acaricia y misión que delita con su anuncio luminoso que dona liberando, libera purificando, purifica curando, cura resucitando, resucita anunciando, anuncia yendo, en salida misionera, misionariedad participada y participación misionera.
Los invito a fijar la mirada en los siete verbos que se hallan en modo imperativo en los versículos 10,6-8. En tres versículos se encuentran siete verbos en modo imperativo, que expresan una orden que manda, un mandamiento que ordena, es decir, el querer de Dios sobre lo que se debe hacer. El primero es el verbo “id” o “vayan” (πορεύεσθε), el único verbo que se repite en los versículos 6 y 7 y que es el verbo de la misión, el mismo que se halla en el envío misionero de Mt 28,19. Es el imperativo misionero, la orden de ir y vivir en misión permanente. El segundo verbo indica la finalidad de la misión: “anuncien” o “proclamen” (κηρύσσετε), es el verbo del kerigma y convoca y provoca a cultivar la potencia kerigmática del kerigma potente. La Iglesia es kerigmática, pues su misión es llevar el kerigma, el anuncio del evangelio que salva. En efecto, es mediante la aparente impotencia del kerigma que se despliega la potencia salvadora del evangelio, pues allí donde el kerigma es anunciado y acogido mediante la fe, los enfermos son curados, los muertos resucitan, los leprosos son limpiados, los demonios expulsados y se vive la generosidad gratuita y la gratuidad generosa. Los cinco imperativos presentados como efecto de la misión kerigmática. “Gratis habéis recibido, dad gratis” (δωρεὰν ἐλάβετε, δωρεὰν δότε. (Mat 10,8). La riqueza mayor que hemos recibido gratuitamente es el anuncio del kerigma, el anuncio del evangelio; la riqueza mejor que gratuitamente podemos donar es el anuncio del kerigma, el anuncio del evangelio.
El divino Maestro se compadece con entrañas maternas al ver la lamentable y deplorable situación de la multitud, extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor. Él no permanece indiferente o indolente, sino que se muestra preocupado y ocupado por satisfacer las necesidades de las comunidades. La mies es abundante, pero el número de los trabajadores es insuficiente; la mies es copiosa, pero la cantidad de los trabajadores es escasa.
En los versículos 9,37-38 resalta la presencia de dos palabras: “mies” que se halla tres veces; “trabajadores” que se halla dos veces. Es notaria la contraposición entre la suficiencia de la mies y la insuficiencia de los trabajadores. El diagnóstico del Señor a la situación de cansancio abandonado y abandono cansado que vive la gente es la escasa participación: “los trabajadores son pocos” (οἱ δὲ ἐργάται ὀλίγοι (Mat 9,37). El sustantivo que traducimos como trabajador hace pensar en uno que hace siendo y es haciendo, una persona activa, proactiva, creativa, con iniciativa, participativa. El divino Maestro no dice que no haya gente, lo que no hay es personas trabajadoras. Hay muchos brazos caídos, muchas personas inactivas en su indiferencia e indiferentes en su inactividad. La escasez de trabajadores es escasez de participación activa y actividad participativa. La carencia es indiferencia, es falta de compromiso participativo y participación comprometida.
El Señor no ordena que se pida al Señor de la mies que envíe personas, sino trabajadores; no es que no haya personas, lo que no hay es personas con disponibilidad pronta y prontitud disponible para trabajar. El problema no es de cantidad, sino de calidad. Le pedimos al Señor que nos convierta a quienes ya estamos dentro de la Iglesia en trabajadores, mediante la participación. El verbo que traducimos con “envíe” o “mande” (ἐκβάλῃ (Mat 9,38), literalmente significa “arrojar”, “lanzar”. A veces necesitamos que el Señor nos arroje, nos lance, nos ponga frente de haceres y quehaceres en la Iglesia que nunca pensábamos de poder hacer, pero para los cuales el Espíritu nos ha dado carismas y el Señor da la gracia de estado.
En la comunión del Espíritu, es el Espíritu quien nos dona sus diversos carismas, para que, mediante la participación, seamos trabajadores en la mies del Señor. El carisma dispone para la participación, es dado para la misión y se ejerce en la comunión. Sin participación somos ociosos como el Señor no quiere; con la participación somos laboriosos, como el Señor quiere.
La participación no se da en la anarquía caótica o el caos anárquico, sino en el orden que genera paz en la unidad y unidad en la paz, pues tanto la paz como la unidad son gracia del Espíritu. Por ello, el Señor ha donado a su Iglesia una estructura como garantía de la unidad y la comunión, en cuyo marco se realiza la participación de todos. La Iglesia es apostólica, porque confiada a los apóstoles y sus sucesores, los obispos. Conviene notar, en 10,2, la inclusión del adjetivo “primero” (πρῶτος), referido al apóstol Pedro, del cual se dice literalmente: “el primero, Simón, llamado Pedro”. Dado que sólo Mateo hace esta anotación, a diferencia de los otros evangelistas, cabe suponer que está ya preparando el primado de Pedro que Mateo presentará en el capítulo 16.
Continuamos la meditación con las siguientes preguntas:
  1. ¿Eres consciente de ser llamado a ser trabajador en la mies?
  2. ¿Consideras que te haces trabajador mediante la participación?
  3. ¿Reconoces los carismas recibidos como posibilidad y llamada a la participación?
  4. ¿Entiendes qué significa que la Iglesia es apostólica?
  5. ¿Valoras el primado de Pedro como servicio a la unidad de la Iglesia?
¿Qué le respondo al Señor que me habla en el texto?

Gracias Jesús, conviértenos a todos en trabajadores en la mies abundante.
Gracias por los carismas recibidos,
Y ayúdanos a ponerlos al servicio de la Iglesia, mediante la participación.
Gracias, por enseñarnos a luchar, sin rendirnos,
Sana, resucita, libera, promueve la dignidad humana y el bien común, mediante nuestro servicio en el mundo, que
construye Reino
Amén

¿Cómo hago propias en mi vida las enseñanzas del texto?

Contempla con los ojos del corazón el rostro de Cristo que el texto sagrado te presenta: el Jesús que te llama a ser un trabajador en la mies, por medio de la participación.

¿A qué me comprometo para demostrar el cambio?

Esta semana me acercaré a mi parroquia y daré mi disponibilidad para participar en la misión evangelizadora de la Iglesia.

“La leche es el kerigma derramado con profusión y el alimento sólido es la fe que se convierte en firme fundamento por la catequesis” (Clemente de Alejandría, Pedagogo I,38,1).

” Clemente de Alejandría, Pedagogo I,38,1