36 Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor». 37 Entonces dice a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; 38 rogad, pues, al Se-ñor de la mies que mande trabajadores a su mies». 101Llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para ex-pulsar espíritus in-mundos y curar toda enfermedad y toda dolencia. 2 Estos son los nom-bres de los doce apóstoles: el prime-ro, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su her-mano; 3 Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Ta-deo; 4 Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entre-gó. 5 A estos doce los envió Jesús con es-tas instrucciones: «No vayáis a tierra de paganos ni en-tréis en las ciudades de Samaría, 6 sino id a las ovejas descarriadas de Is-rael. 7 Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. 8 Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis.
El divino Maestro se compadece con entrañas maternas al ver la lamentable y deplorable situación de la multitud, extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor. Él no permanece indiferente o indolente, sino que se muestra preocupado y ocupado por satisfacer las necesidades de las comunidades. La mies es abundante, pero el número de los trabajadores es insuficiente; la mies es copiosa, pero la cantidad de los trabajadores es escasa.
En los versículos 9,37-38 resalta la presencia de dos palabras: “mies” que se halla tres veces; “trabajadores” que se halla dos veces. Es notaria la contraposición entre la suficiencia de la mies y la insuficiencia de los trabajadores. El diagnóstico del Señor a la situación de cansancio abandonado y abandono cansado que vive la gente es la escasa participación: “los trabajadores son pocos” (οἱ δὲ ἐργάται ὀλίγοι (Mat 9,37). El sustantivo que traducimos como trabajador hace pensar en uno que hace siendo y es haciendo, una persona activa, proactiva, creativa, con iniciativa, participativa. El divino Maestro no dice que no haya gente, lo que no hay es personas trabajadoras. Hay muchos brazos caídos, muchas personas inactivas en su indiferencia e indiferentes en su inactividad. La escasez de trabajadores es escasez de participación activa y actividad participativa. La carencia es indiferencia, es falta de compromiso participativo y participación comprometida.
El Señor no ordena que se pida al Señor de la mies que envíe personas, sino trabajadores; no es que no haya personas, lo que no hay es personas con disponibilidad pronta y prontitud disponible para trabajar. El problema no es de cantidad, sino de calidad. Le pedimos al Señor que nos convierta a quienes ya estamos dentro de la Iglesia en trabajadores, mediante la participación. El verbo que traducimos con “envíe” o “mande” (ἐκβάλῃ (Mat 9,38), literalmente significa “arrojar”, “lanzar”. A veces necesitamos que el Señor nos arroje, nos lance, nos ponga frente de haceres y quehaceres en la Iglesia que nunca pensábamos de poder hacer, pero para los cuales el Espíritu nos ha dado carismas y el Señor da la gracia de estado.
En la comunión del Espíritu, es el Espíritu quien nos dona sus diversos carismas, para que, mediante la participación, seamos trabajadores en la mies del Señor. El carisma dispone para la participación, es dado para la misión y se ejerce en la comunión. Sin participación somos ociosos como el Señor no quiere; con la participación somos laboriosos, como el Señor quiere.
La participación no se da en la anarquía caótica o el caos anárquico, sino en el orden que genera paz en la unidad y unidad en la paz, pues tanto la paz como la unidad son gracia del Espíritu. Por ello, el Señor ha donado a su Iglesia una estructura como garantía de la unidad y la comunión, en cuyo marco se realiza la participación de todos. La Iglesia es apostólica, porque confiada a los apóstoles y sus sucesores, los obispos. Conviene notar, en 10,2, la inclusión del adjetivo “primero” (πρῶτος), referido al apóstol Pedro, del cual se dice literalmente: “el primero, Simón, llamado Pedro”. Dado que sólo Mateo hace esta anotación, a diferencia de los otros evangelistas, cabe suponer que está ya preparando el primado de Pedro que Mateo presentará en el capítulo 16.
¿Qué le respondo al Señor que me habla en el texto?Gracias Jesús, conviértenos a todos en trabajadores en la mies abundante.
Gracias por los carismas recibidos,
Y ayúdanos a ponerlos al servicio de la Iglesia, mediante la participación.
Gracias, por enseñarnos a luchar, sin rendirnos,
Sana, resucita, libera, promueve la dignidad humana y el bien común, mediante nuestro servicio en el mundo, que
construye Reino
Amén
¿Cómo hago propias en mi vida las enseñanzas del texto?
Contempla con los ojos del corazón el rostro de Cristo que el texto sagrado te presenta: el Jesús que te llama a ser un trabajador en la mies, por medio de la participación.
¿A qué me comprometo para demostrar el cambio?
Esta semana me acercaré a mi parroquia y daré mi disponibilidad para participar en la misión evangelizadora de la Iglesia.
“La leche es el kerigma derramado con profusión y el alimento sólido es la fe que se convierte en firme fundamento por la catequesis” (Clemente de Alejandría, Pedagogo I,38,1).