13 Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?». 14 Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». 15 Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». 16 Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo». 17 Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. 18 Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. 19 Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos». 20Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.
La palabra Iglesia se halla 114 veces en el Nuevo Testamento, pero en los evangelios se encuentra en esta sección de Mateo que suele llamarse: la Iglesia, inicio del Reino (13,53-18,35). En efecto, la encontramos por primera vez en Mt 16,18 y la hallaremos otras dos veces en Mt 18,17. En Mateo 18,17 la palabra “iglesia” indica a la comunidad local, en la cual se ha de testimoniar la corrección fraterna, mientras en Mt 16,18, la palabra “Iglesia” indica a la Iglesia en su universalidad o catolicidad.
La palabra “ekklesía” (ἐκκλησία) significa “llamados a salir de” (preposición “ἐκ” más el verbo “καλέω” que significa “llamar, convocar”). Tiene el sentido de “convocados desde”. ¿Convocados por quién? Por Jesús ¿Convocados de dónde? Llamados a salir del mundo ¿Convocados para qué? Para estar juntos con Jesús, para ser enviados por Jesús. Llamados del mundo para el mundo, la Iglesia no tiene una misión, sino que es una misión. La Iglesia es la asamblea de los convocados. Como se lee en el Catecismo de la Iglesia: “la palabra “Iglesia” significa ‘convocación’. Designa la asamblea de aquellos a quienes convoca la palabra de Dios para formar el Pueblo de Dios y que, alimentados con el Cuerpo de Cristo, se convierten ellos mismos en Cuerpo de Cristo” (CCC, 777).
Se sale para amar lo no amable, para abrazar lo no abrazable, para perdonar lo no perdonable. Se sale para dar, para ofrecer, para distribuir. Se sale para acortar distancias, se sale para derribar muros, se sale para construir puentes con todas las gentes. De esa región, una mujer recordada era Jezabel, de manera que una de las finalidades del escenario puede ser revertir memorias negativas sobre las mujeres (Souza & Schmitt, 2020)
Jesús no se deja encasillar, ni encadenar por categorizaciones y estereotipos. El sale al encuentro del otro, en su diversidad varia y variedad diversa. El episodio deja ver que el encuentro con la diversidad del otro no siempre es fácil y que requiere disponibilidad y canales de comunicación siempre abiertos, para tejer la interacción y la relación.
Convocados para ser el Pueblo de Dios, un solo pueblo de Dios; convocados para ser el Cuerpo de Cristo, un solo cuerpo de Cristo, pues Cristo tiene un solo cuerpo; convocados en una Iglesia que es Esposa de Cristo, una sola Esposa, pues Cristo no es polígamo: la Iglesia es una y única, es una Iglesia católica o universal y si es universal, si en ella se convoca a toda la humanidad, pues no puede ser sino una y única.
Por eso las palabras claras de Jesús a Pedro: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (σὺ εἶ Πέτρος, καὶ ἐπὶ ταύτῃ τῇ πέτρᾳ οἰκοδομήσω μου τὴν ἐκκλησίαν (Mat 16,18). Conviene notar pronombre posesivo de primera persona singular: “mi” Iglesia, no mis iglesias; Jesús nunca pensó en una pluralidad de Iglesias, sino en una sola Iglesia, una Iglesia una y única. Cristo está usando la metáfora de la construcción, para hablar de su Iglesia. ¿De cuántas construcciones habla? De una: “mi Iglesia”. ¿Quién es el que construye o edifica? Cristo mismo: “yo edificaré”. La decisión de edificar una y no varias iglesias es del Edificador mismo, del Constructor mismo, es una voluntad de Jesucristo mismo. Así como Jesucristo mismo es quien edifica, él personalmente decide edificar una sola Iglesia y no varias. La decisión por la singularidad, en vez de la pluralidad, es de Jesucristo mismo.
La narración del evangelio se va moviendo hacia la focalización en dos personas: Jesús y Pedro. Parte desde una panorámica amplia que considera a toda la humanidad: “quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?” (v. 13). Luego, se abandona la panorámica de los hombres en general y el círculo se estrecha a los discípulos: “vosotros ¿quién decís que soy yo? (ὑμεῖς δὲ τίνα με λέγετε εἶναι; (Mat 16,15). El círculo se estrecha todavía más y a partir del versículo 16, la narración se focaliza en dos personas: Jesucristo y Pedro.
Pedro presenta a Jesús y Jesús presenta a Pedro, con una cierta familiaridad cordial y cordialidad familiar: se note en ambos el uso del pronombre “tú”. Como si Jesús dijera: Tú has proclamado mi grandeza y ahora yo proclamo tu grandeza; tú has proclamado mi identidad y ahora yo proclamo tu identidad; tú has proclamado mi dignidad y ahora yo proclamo tu dignidad; tú has proclamado mi unicidad y ahora yo proclamo tu unicidad; tú has proclamado mi singularidad y ahora yo proclamo tu singularidad; tú has proclamado mi divinidad y ahora yo proclamo tu ministerialidad: “Tú eres Pedro (piedra) y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (σὺ εἶ Πέτρος, καὶ ἐπὶ ταύτῃ τῇ πέτρᾳ οἰκοδομήσω μου τὴν ἐκκλησίαν (Mat 16,18): tú eres piedra, tú eres piedra cimental, fundamental, basilar de mi Iglesia.
Este es el tercero de tres textos de Mateo, en los cuales se resalta el rol de Pedro en la Iglesia de Jesús. Aquí Pedro es exaltado mediante siete elementos: primero, es llamado bienaventurado; segundo, ha tenido el privilegio de recibir una revelación de parte del Padre; tercero, Jesús le cambia el nombre, asignándole una misión específica, contenida en su nuevo nombre; cuarto, Jesús lo constituye en piedra cimental de su Iglesia; quinto, Jesús le promete que las puertas del hades, es decir la muerte, no prevalecerán sobre ella, lo cual significa que la Iglesia edificada sobre Pedro no morirá jamás; sexto, se le conceden las llaves del Reino; séptimo, se le concede la potestad de atar y desatar. María, la Virgen Madre que, en Pentecostés, acompañaba el nacimiento y la manifestación de la Iglesia al mundo, Iglesia pastoreada por Pedro, nos ayude a peregrinar cum Petro e sub Petro, es decir, con Pedro y bajo el cayado de Pedro.
¿Qué le respondo al Señor que me habla en el texto?Gracias Jesús, por revelarnos tu identidad de Mesías e Hijo del Dios vivo,
Gracias por hacernos parte de tu Iglesia.
Gracias, por haber dejado a tu Iglesia una estructura visible y haberla edificado sobre la roca de Pedro,
Concédenos fe sólida como una piedra y un grande amor a la unidad de tu Iglesia.
Concédenos fe, humildad, constancia, confianza, expresadas en la oración
Amén
¿Cómo hago propias en mi vida las enseñanzas del texto?
Contempla con los ojos del corazón el rostro de Cristo que el texto sagrado te presenta: el Jesús Mesías, Hijo del Dios vivo, edificador de la Iglesia que escoge a Pedro como fundamento visible y perpetuo de su Iglesia.
¿A qué me comprometo para demostrar el cambio?
Esta semana oraré por el Papa León XIV, sucesor de Pedro, al servicio de la unidad de la Iglesia
“¿El que por propia autoridad le daba el Reino, no podía confirmar la fe de Pedro? Cuando le llama piedra le considera fundamento de la Iglesia”