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Domingo 19 de Julio de 2026
Domingo 16 del tiempo ordinario

“Todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor” Sal. 88
Espíritu Santo, regálanos la pasión evangelizadora.
Espíritu Santo, ayúdanos a sembrar con ardor misionero
Espíritu Santo, dadnos la gracia de acoger la semilla de tu palabra como tierra buena.
Espíritu Santo, que en comunión participativa y misionera sembremos tu
palabra en todos los ámbitos de la vida.
Amén.
Mt 13, 24-43

1324 Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; 25 25 pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. 26 Les habló muchas cosas en parábolas: «Salió el sembrador a sembrar. 27 Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. 28 Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”. Los criados le preguntan: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”. 29 Pero él les respondió: “No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. 30 Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”». 31 Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; 32 32 aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas». 33 33 Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta». . 34 Jesús dijo todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les hablaba nada, 35 para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo». 36 Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo». 37 Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; 38 el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; 39 el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el final de los tiempos y los segadores los ángeles. 40 Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos: 41 el Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, 42 y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. 43 Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.

Algunas preguntas para una lectura atenta

  1. 1. ¿Cuántas parábolas encontramos hoy en el evangelio?
  2. ¿Cuál parábola es la más extensa y de la cual Jesús ofrece su explicación?
  3. ¿Qué resalta Jesús al comparar el Reino con un grano de mostaza?
  4. ¿Cómo actúa la levadura en la masa?
Algunas pistas para comprender el texto:
Francisco León Oquendo Góez. Pbro.
El divino Maestro continúa enseñando su propuesta del Reino, y en sus palabras destila como miel la pequeñez grande del reino, su poder discreto y transformador, su convivencia con la cizaña que se opone a lo que el Maestro propone.
El evangelio se divide en las respectivas parábolas, pues contiene tres de las siete parábolas del discurso parabólico: la parábola de la cizaña (vv. 24-30), la parábola del grano de mostaza (vv.31-32), la parábola de la levadura (v.33) y la interpretación de la parábola de la cizaña (vv. 36-43).
La parábola de la cizaña enseña que el Maligno se opone a lo que el divino Maestro propone. ¿Quién siembra? El Hijo del hombre, es decir, Jesucristo (v. 37). ¿Dónde siembra? En el mundo (v.38), de dónde se deduce el imperativo misionero: hemos de sembrar el evangelio en todo el mundo, anunciar el evangelio allí donde haya un ser humano. El mundo fue hecho para el evangelio y el evangelio para el mundo. ¿Qué siembra? Buena semilla o mejor bella semilla. En efecto, el adjetivo griego que califica al sustantivo semilla significa tanto “buena” como “bella” (τὸ καλὸν σπέρμα). El divino Maestro siembra bondad bella y belleza buena. Es el sembrador bello que siembra belleza. El evangelio es Buena Nueva, novedad bella, belleza buena, bondad verdadera. Semilla buena en el campo del mundo son quienes han acogen la palabra creyendo; creen, encarnando; encarnan testimoniando, testimonian viviendo; viven, anunciando la palabra. La palabra acogida y creída les ha dado una existencia nueva, los ha engendrado de nuevo: “habéis sido reengendrados a partir de una semilla que no es corruptible, sino incorruptible: la palabra de Dios viva y permanente” (1Pe 1,23). Estos engendrados y transformados por la palabra son los hijos del Reino (v. 38). ¿Sólo siembra el Señor? Desafortunadamente no. También el diablo siembra (v.39). El diablo se opone a lo que el Señor propone, descompone lo que Jesús compone. El diablo es el Oscuro que siembra de noche, es el enemigo que siembra enemistad mala y maldad enemiga. El engañador que engañosamente siembra engaños que generan desengaños. Por eso siembra cizaña: una planta tan parecida al trigo que es difícil distinguirla hasta que no produce su fruto. El diablo busca hacer pasar la mentira como verdad, el mal como bien, la oscuridad como luz, porque al fin de cuentas, hasta él mismo se disfraza de ángel de luz (2Cor 11,14).
El reino de los cielos puede compararse a un grano de mostaza, del tamaño de la cabeza de un alfiler. Qué gigante pequeñez. Qué potente impotencia. En sus inicios es pequeño, no apreciable, ni considerable. Pero tiene adentro una potencia que se despliega en crecimiento irrefrenable e irresistible. Crece con constancia, abundancia, perseverancia, hasta hacerse un árbol grande. Al mirarlo parece increíble que tanta grandeza haya estado escondida en la bajeza, que tanta significancia haya estado en la insignificancia.
No despreciemos la pequeñez de un gesto, de una palabra oportuna, de un anuncio que se proclama, de un evangelio que se anuncia, de un testimonio que pasa desapercibido. En la pequeñez se esconde una grandeza secreta y discreta. Y cuando el Reino crece se convierte en comunión viva y vida comunional: “las aves del cielo vienen a anidar en sus ramas”. El Reino es comunión y la comunión es el Reino. La comunión nos convida, en la comunión se anida, en la comunión la humanidad vive unida.
El Reino de los cielos se parece a la levadura que en su escondimiento se vuelve de todo fermento. En esta época de las mega-iglesias, de los cultos cristianos convertidos en show, de un cierto exhibicionismo espectacular y espectacularidad exhibicionista, en donde se cree que el Reino se construye apareciendo, más que siendo, el evangelio nos recuerda que así no es el Reino, porque así no fue Jesús. El histrionismo extravagante, la extravagancia histriónica que vemos en algunas comunidades cristianas es deudor del ámbito de la publicidad, estrategia de un capitalismo que pretende monetizarlo todo, incluso la dimensión religiosa.
El Reino es concreto, secreto, discreto. Al Reino le gusta actuar con humildad modesta, modestia moderada, moderación templada, templanza discreta, discreción prudente. Y sin hacerse notar, reconocer, percibir, va desplegando aquella potencia que desde su escondimiento y ocultamiento va transformando todo, pues de todo y de todos se vuelve fermento. No es en las pasarelas, sino en las favelas donde se construye el Reino. No es en la grande plataforma donde el Reino transforma. Como a la humildad, al Reino le gusta la sombra luminosa, la claridad de lo escondido, la serenidad de lo que pasa desapercibido.
María, la Virgen Madre, mujer de la vida escondida, nos ayude a construir el Reino de Dios desde la pequeñez escondida y el ocultamiento iluminador.
Continuamos la meditación con las siguientes preguntas:
  1. ¿Cómo está sembrando el diablo cizaña en nuestra vida y nuestra comunidad?
  2. ¿Qué tipo de discernimiento llevamos a cabo para distinguir el trigo de la cizaña?
  3. ¿Apreciamos las cosas pequeñas a través de las cuales se construye el Reino?
  4. ¿Descubrimos el Reino y su poder que transforma sin hacerse notar?
  5. ¿Reconocemos la transformación que el Reino lleva a cabo en nuestra realidad social de manera discreta?
¿Qué le respondo al Señor que me habla en el texto?

Gracias Jesús, enviado, misionero y evangelizador y Sembrador,
porque hacernos a todos los bautizados discípulos misioneros.
Ayúdanos a sembrar con tu pasión evangelizadora,
Y a acoger la semilla de tu palabra como tierra buena.
Amén

¿Cómo hago propias en mi vida las enseñanzas del texto?

Contempla con los ojos del corazón el rostro de Cristo que el texto sagrado te presenta: el Jesús Sembrador que siembra el Reino en la pequeñez y el escondimiento.

¿A qué me comprometo para demostrar el cambio?

Esta semana haré una obra pequeña, pero significativa, en la discreción, sin que sepa tu izquierda lo que hace tu derecha.

“Al hacerse pequeño, engrandeció a los pequeños. Se empequeñece quien es grande, para que a través de Él crezca el pequeño. ¡Que se asemeje al más Grande de todos el que se hizo el más pequeño de todos! Se hizo pequeño y engrandeció todo”

(San Efrén, Himnos de epifanía 4,11-12).