21 1 Cuando se acercabaan a Jerusalén y llegaron a Betfagé, en el monte de los Olivos, envió a dos discípulos
2 diciéndoles: «Id a la aldea de enfrente, encontraréis enseguida una borrica atada con su pollino, los desatáis y me los traéis.
3Si alguien os dice algo, contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto».
4 Esto ocurrió para que se cumpliese lo dicho por medio del profeta:
5 «Decid a la hija de Sión: “Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en una borrica, en un pollino, hijo de acémila”».
6 Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús:
7 trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos, y Jesús se montó.
8 La multitud alfombró el camino con sus mantos; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada.
9 Y la gente que iba delante y detrás gritaba: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!».
10 Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad se sobresaltó preguntando: «¿Quién es este?».
11 La multitud contestaba: «Es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea».
¿Qué me dice el Señor en el texto?
El retorno del rey es uno de los episodios de la saga “el señor de los anillos”. Con el ingreso de Jesús en Jerusalén se vive verdaderamente el retorno del rey, pues Jerusalén es desde siempre la ciudad del rey (Sal 48,3). Jesucristo es presentado como el Rey anhelado y esperado: “mira, tu rey viene a ti” (ἰδοὺ ὁ βασιλεύς σου ἔρχεταί σοι (Mat 21,5).
Las acciones simbólicas que realiza la multitud indican la condición real de Jesucristo: extender sus mantos por el camino y extender ramas de árboles para tapizar el sendero del rey; la aclamación solemnemente festiva y festivamente solemne de “hosana al Hijo de David, vendido el que viene en nombre del Señor”, canto festivo del salmo 118. Cuando los habitantes de Jerusalén preguntan ¿quién es este?, la gente responde, aludiendo a Dt 18,15, “éste es el profeta Jesús de Nazaret de Galilea” (v. 11).
Jesús es expresamente llamado Rey, Hijo de David y el profeta, todos títulos que en la época eran propios del Mesías esperado, el portador de la salvación, invocada por la gente mediante el canto del “hosana”, que significa “sálvanos”. Jesús es Mesías que salva, salvador que libera, liberador que reina, Rey que retorna para establecer su reino definitivo y universal.
La presentación de Jesús Mesías, montado en un burrito, fue seguramente visualmente impactante, inquietante, desconcertante, impresionante, sorprendente. En la citación de Zac 9,9, el evangelista ha omitido los dos primeros adjetivos que califican al Rey, justo y salvador, para focalizar las miradas en su mansedumbre y en las actitudes que la manifiestan: entra montado en un burrito.
El divino Maestro ha llamado bienaventurados a los mansos (Mt 5,5), que se ha presentado a sí mismo como “manso y humilde de corazón” (Mt 11,29), ahora entra a Jerusalén con su humildad mansa y mansedumbre pacífica.
Frente a la fuerza agresiva y agresividad fuerte de los potentes de este mundo, el Señor propone la mansedumbre humilde y la humildad mansa que desarma el odio y nos arma de amor. Siguiendo su ejemplo, los discípulos de Jesús hacen de la mansedumbre una nota característica de su estilo de vida. Ella es fruto del Espíritu (Gal 5,23), es el estilo con el cual los espirituales corrigen (Gal 6,1) y dan razón de su esperanza (1Pe 3,16), pues los discípulos de Jesús demuestran toda mansedumbre para con todas las personas (Tit 3,2).
María santísima, mujer del corazón humilde y manso, nos ayude a testimoniar estas virtudes en nuestro mundo agresivo, vengativo y violento.
Gracias Jesús, nuestro Rey, Hijo de David, el Profeta esperado,
porque nos das ejemplo de humildad y mansedumbre.
Gracias, por enseñarnos que no hay verdadera grandeza sin humildad,
y que no hay mejor reacción ante la ofensa recibida que la mansedumbre.
Dadnos la gracia de contemplarte esta semana en tu pasión salvadora,
Y adorarte en tu resurrección victoriosa
Amén.
¿Cómo hago propias en mi vida las enseñanzas del texto?
Contempla con los ojos del corazón el rostro de Cristo que el texto sagrado te presenta: el Jesús Rey, Mesías, Profeta esperado, majestuoso en su humildad y fuerte en su mansedumbre.
Esta semana responderé a las ofensas recibidas con mansedumbre y testimoniaré la humildad en mis actitudes.
“Hijo mío, no seas murmurador, puesto que lleva a la blasfemia; ni voluntarioso, ni tengas malos pensamientos, pues de todas esas cosas vienen las blasfemias; sino, sé manso, porque los mansos heredarán la tierra. Sé paciente, compasivo e intachable, tranquilo y amable y siempre temiendo las palabras que has oído”