21 Al enterarse Jesús se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto. Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados. 22 Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos. 23 Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida». 24 Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer». 25 Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces». 26 Les dijo: «Traédmelos». 27 Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. 28Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras.
Un encuentro fascinante y edificante. Entre hombre y mujer, entre hebreo y extranjera (gentil o pagano), entre un miembro del pueblo de Dios y una cananea. Si leído el paso en la versión de Marcos (7,24-39), un encuentro entre una mujer que probablemente habla griego y quien habla arameo, entre la mujer de cultura alta y el hombre considerado de cultura baja, entre una mujer probablemente de alta posición social y un profeta itinerante pobre.
Después de haber discutido sobre lo puro y lo impuro, declarando que lo que hace impuro es lo que sale del corazón del hombre (Mt 15,1-20: contexto inmediatamente anterior), el divino Maestro sale hacia una región considerada “impura”, a encontrar gente considerada “impura”: la región pagana de Tiro y Sidón (Mt 15,21).
Para el encuentro entre diversidades, la primera actitud es la que suele llamar actitud exódica, es decir, la actitud de salida de sí mismo, salir de las propias preconcepciones, de los propios prejuicios, salir del círculo estrecho y asfixiante de la discriminación.
Jesús sale para entrar, sale para encontrar. Para entrar en el mundo del otro, en la cultura del otro, en la vida del otro. Es saliendo de sí mismos como entramos en el otro. Es acogiendo al otro como nos enriquecemos a sí mismos. El encuentro con las diversidades no empobrece, sino que enriquece. Pero el primer paso es salir de nuestras perspectivas miopes y reductivas. Por ello, Jesús “sale” (Mt 15,21) y también la mujer sale (Mt 15,22).
Una mujer cananea: El término “cananeo” tiene una connotación más ideológica que geográfica, pues indica al pueblo o grupo de pueblos que son enemigos naturales del pueblo de la Biblia, destinados a la destrucción y con los cuales el pueblo de Dios no ha de hacer alianzas, ni lo ha de tratar con misericordia (Dt 7,1-2) (Corvacho, 2021). Cananea, designación que evoca luchas guerreristas, guerras dominantes, dominaciones conquistadoras, conquistas opresoras, opresiones enemigas, enemistades antiguas.
Se sale para amar lo no amable, para abrazar lo no abrazable, para perdonar lo no perdonable. Se sale para dar, para ofrecer, para distribuir. Se sale para acortar distancias, se sale para derribar muros, se sale para construir puentes con todas las gentes. De esa región, una mujer recordada era Jezabel, de manera que una de las finalidades del escenario puede ser revertir memorias negativas sobre las mujeres (Souza & Schmitt, 2020)
Jesús no se deja encasillar, ni encadenar por categorizaciones y estereotipos. El sale al encuentro del otro, en su diversidad varia y variedad diversa. El episodio deja ver que el encuentro con la diversidad del otro no siempre es fácil y que requiere disponibilidad y canales de comunicación siempre abiertos, para tejer la interacción y la relación.
En una época en que las mujeres eran reducidas al silencio, ella se hace oír: en dos ocasiones ella grita, externa un clamor que nace del dolor. “Ten misericordia de mí, Señor, hijo de David” (ἐλέησόν με, κύριε υἱὸς Δαυίδ: Mt 15,22). La mujer cananea pide lo que Dt 7,2 ordena que se les ha de negar a los cananeos: la misericordia.
Por su paciencia y resiliencia supera el silencio de Jesús, “que no le respondió palabra” (Mt 15,23). Como interpretaban algunos Padres de la Iglesia, precisamente para poner a prueba su constancia. Ella grita cuando Dios calla. Es probable que los discípulos hayan también intentado silenciarla y ante el fracaso, hayan dicho a Jesús: “despídela, porque viene gritando detrás de nosotros” (Mt 15,23), como diciéndole, nosotros no hemos podido hacerla desistir, inténtalo tú.
Jesús responde que no ha sido enviado, sino a las ovejas descarriadas de Israel (Mt 15,24). No la desprecia, sino que prioriza; todo a su tiempo, y este es el momento de ocuparse prioritariamente de las ovejas descarriadas de Israel. Jesús es coherente consigo mismo, pues sobre esa prioridad había dado órdenes a sus apóstoles en Mt 10,6.
La mujer valiente rompe barreras y derriba los muros de la argumentación excluyente, de las actitudes defensivas, hasta acercarse a Jesús y tenerlo cara a cara. Se postra en actitud de adoración humilde y humildad adoradora diciéndole: “Señor, ayúdame” (Mt 15,25).
Jesús con ironía sabia y sabiduría irónica le responde, quizás usando irónicamente un proverbio que sintetizaba la costumbre de discriminar: “No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos” (Mt 15,26). Otra prueba que, en su humildad orante y oración humilde, la mujer aprueba.
La mujer fuerte entiende la ironía y le responde llamándolo por tercera vez “Señor”: “también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos” (Mt 15,27). ¡Que aguda inteligencia, que inteligente agudez! ¡Que soberbia humildad, qué majestuosa modestia! A partir de los argumentos del divino Maestro, ella proclama y reclama sus derechos.
Entonces Jesús proclama una de las más bellas alabanzas, uno de los más hermosos elogios que se hallan en el Nuevo Testamento: “¡Oh mujer, grande es tu fe, que se haga como tú quieras! (ὦ γύναι, μεγάλη σου ἡ πίστις· γενηθήτω σοι ὡς θέλεις: Mt 15, 28). Su grandeza la hizo mujer de fe y su fe la hizo una mujer grande.
¿Qué le respondo al Señor que me habla en el texto?Gracias Jesús, por tu corazón incluyente y acogedor, que invita a todos al Reino.
Gracias por el evangelio destinado a todo ser humano,
Y ayúdanos a ser liberados de todo lo que nos oprime, en el encuentro contigo.
Gracias, por el don de la fe que nos diste el día de nuestro bautismo,
Concédenos fe, humildad, constancia, confianza, expresadas en la oración
Amén
¿Cómo hago propias en mi vida las enseñanzas del texto?
Contempla con los ojos del corazón el rostro de Cristo que el texto sagrado te presenta: el Jesús que incluye a los excluidos, a todos ofrece la propuesta de un Reino que libera.
¿A qué me comprometo para demostrar el cambio?
Esta semana participaré en un grupo de oración o pequeña comunidad de mi parroquia y con ellos oraré humildemente
“Admiramos en la mujer cananea la fe, la paciencia y la humildad de la Iglesia: la fe, porque cree que su hija puede ser curada; la paciencia que la hace perseverar en sus oraciones, a pesar de los obstáculos; la humildad, que la lleva a compararse, no sólo con los perros, sino con los perritos” (